Crisis de la tercera edad PDF Imprimir E-mail

Crisis de la tercera edad:

A partir de los sesenta años se suceden una serie de cambios en lo físico, psíquico, y social que dan lugar a la crisis de la vejez. No hay más que mirarse al espejo para ver el deterioro que ha sufrido la imagen que antes mostraba y qué decir cuando se comienzan a revisar los álbumes de fotos.

En lo físico existe una mengua de la capacidad de adaptación a los esfuerzos así como también cambios a nivel del sistema nervioso central el que se encarga de recibir e integrar innumerables datos que provienen  de los distintos órganos sensoriales para lograr una respuesta del cuerpo, es el encargado por lo general de controlar las actividades rápidas. Y es además  el responsable de las funciones intelectivas, como la memoria, las emociones o las voliciones, también se operan modificaciones a  nivel sexual.

En realidad las quejas de los ancianos están más referidas a los aspectos psicosociales.

En lo social, la disminución de vínculos e interacciones con compañeros al momento del retiro conlleva también  cambios en lo económico. Así también se van perdiendo amistades o familiares como hermanos o amigos entrañables, o personajes de la vida literaria, artística, política que eran sus contemporáneos y referentes.

 Lo señalado anteriormente genera  un gran impacto en lo psicológico disminuyendo la  autoestima , genera  gran inseguridad y extrañeza en su identidad. Se produce  un estado de desconocimiento personal, y donde antes "todo lo podía y emprendía "ahora todo esta cambiado”; si bien las condiciones intelectuales pueden estar perfectamente conservadas desde adentro, desde afuera siente que le devuelven una imagen desvalorizada porque ya no lo ven como antes. Ahora esta debilitado para realizar ciertas tareas.  La energía mental muchas veces no condice con la física.

Asimismo cuando ya no es capaz de bridar el bienestar  económico que acostumbraba a su familia y, al no vivir  en una sociedad patriarcal, en donde los ancianos eran aceptados como sabios y consejeros, resulta como consecuencia que la marginación y la soledad juntas aumentan el problema de la vejez

En lo psicológico las pérdidas ocupan la primera plana, esencialmente la de la juventud.

Este sentimiento se aumenta con el culto que se practica desde los medios de comunicación tanto gráficos como audiovisuales a la belleza y eterna juventud,  y las burlas y bromas de mal gusto que se hacen sobre los “viejos”, tanto a los que se han sometido a la imposición de las cirugías plásticas, como a los que deciden llevar con orgullo las huellas que va dejando la vida y la sabiduría que no se puede transplantar con ninguna cirugía. Se complacen en mostrar fotografías no retocadas por las técnicas de photoshop tan en boga utilizadas no solamente por las personas que portan arrugas pero que exigidas por el medio desean mostrar lo que creen es su mejor imagen sino por jovencitas que imaginan tener un cuerpo perfecto, aunque más no sea en las revistas.

 Es la época que el límite de la vida se presente como algo cierto y preciso no implica la muerte inmediata, sino que a partir de esta etapa se empiezan a contar los años que pueden quedar de vida.

Recién  cuando ha sido posible procesar estas pérdidas es factible recuperar la energía psíquica para insertarse en la vida de otra manera.  Aparece una función psicológica que va a servir para admitir y adecuarse a estos cambios, la misma es la reminiscencia. Esta implica utilizar el pasado, como medio para reforzar  la identidad y la autoestima.  Es una forma de comunicación en la que quienes escuchan pueden conocer sus valores, su desempeño laboral, la estima o admiración de la que  fuera objeto tanto por amigos como colegas de su trabajo. Brinda también la posibilidad de comunicar a jóvenes y especialmente a los nietos (interesados escuchas) la posibilidad de transmitir historias y experiencias de vida.

En aquellos casos en que se presentan dificultades en la audición suele operar de forma negativa como elemento de aislamiento, por lo que es recomendable atender de forma inmediata este tema a fin de evitar perturbaciones mentales o psicológicas.

Como todas las crisis es difícil de sobrellevar ya que son experiencias  que sólo pueden comprenderlas los que comparten el mismo momento existencial. Los rasgos del carácter se resaltan, y al llegar a una edad avanzada, se es más uno mismo, tanto en lo bueno como en lo no tan bueno.” La exigencia y dureza de otros tiempos, se convierten en comprensión en la mayoría de las personas de la Tercera Edad.

Por esta razón se "mal educa" -por decirlo de algún modo- a los hijos nacidos de padres en edad avanzada y, en algunos casos, a los nietos”.

Ciertamente para los hijos resulta difícil ver el progresivo deterioro aunque más no sea físico de sus padres en momentos en que ellos están en la plenitud de su vida y con la energía y tiempo puesto en sus proyectos y en la educación de sus hijos.

En aquellos casos en que esta etapa debe llevarse en soledad ya que alguno de los cónyuges ya no está, el poder transitarla airosamente dependerá exclusivamente de la capacidad de cada uno para saber armarse sus propios espacios, ya sean recreativos, deportivos  o culturales y generar nuevos grupos de pertenencia. Asimismo en aquellas personas que ejercen alguna profesión liberal, donde no están sujetos a la imposición del retiro,  mantenerse activo, actualizado y en contacto con gente joven ayuda a sentirse útil, como así también dedicarse a algún hobby abandonado tal vez por las múltiples ocupaciones anteriores.

Junto con la soledad, la persona de la Tercera Edad sufre la necesidad de sentirse amada. Nada es tan necesario como el calor humano.

Hay muchas personas en esta etapa que son "gruñonas" y pesimistas, hay también muchas otras que con alegría y convicción se preocupan por los demás y hacen todo lo posible por hacerlos felices. Estos últimos, los optimistas tratan de disimular sus dolores y dolencias para no hacer sufrir a sus familiares, se empeñan en  sublimar sus tendencias para contribuir a la vida con belleza y ternura.

Más que estar preocupado es importante estar ocupado, lo que redundará en que el entorno, hijos, nietos, colegas jóvenes no sientan la carga de tener que acompañar a alguien porque está sólo,  sino que lo harán porque esto les produce algún tipo de satisfacción.

Dra,Marta S.Martin

Especialista en psicología clínica